Desde el momento en que las computadoras se desarrollaron por primera vez y hasta el presente, momento en que el Internet de las Cosas (IoT) es considerado como la herramienta con más futuro dentro del mundo de la tecnología y la Industria 4.0, los sistemas informáticos han estado proporcionando servicios de aplicaciones a los usuarios mediante la ayuda de sistemas operativos. Por ejemplo, los mainframes de los años 60 y los PCs de finales de los 70 fueron manejados por sistemas operativos basados en un enorme hardware capaz de realizar todos los cálculos.

Pero internet se convirtió, desde la década de los 90, en lo que es hoy en día: una forma popular y altamente eficiente para intercambiar información. Así, los ordenadores personales comenzaron a incluir navegadores capaces de enviar y recibir datos a través de internet, lo que motivó que las aplicaciones conectadas a la red fuesen y sean cada vez más maduras y difundidas.

Sin embargo, el desarrollo actual del trabajo colaborativo se ha topado con un muro. Solo el 5% de las empresas de todas las industrias son capaces de desarrollar sus propios programas de aplicaciones o de alojar sus propios sitios web.

La nube

Para resolver ese problema es necesario confiar en servicios destinados a la colaboración y la comunicación entre usuarios, siempre que esas herramientas sean capaces de garantizar la seguridad de todas las operaciones. Los sistemas cloud son claves para que clientes, proveedores, canales de distribución, fabricantes y cadenas de producción puedan trabajar a escala global y de una forma coordinada.

La nube trabaja de tal forma que cada usuario recibe una cuenta personal que se conecta a la plataforma de la organización, con lo que empleados, socios comerciales y cliente accederán a un espacio colaborativo. Es decir, podrán participar en actividades comunes y compartir recursos (por ejemplo, documentos), información interna y aplicaciones, entre otra muchas cosas.

Escenarios de uso del IoT

Hemos visto que la nube ofrece la posibilidad de trabajar de manera conjunta y sin límites a través de internet. A ello hay que sumar los beneficios del IoT, una tecnología con la que podemos recolectar infinidad de datos a través de los diversos dispositivos empresariales conectados y enviarlos a la nube para su posterior computación. ¿Para qué nos sirve? Para pronosticar tendencias de mercado y predecir de manera exacta los riesgos que asumiremos a la hora de llevar a cabo una acción, con lo que mejoraremos la eficiencia de nuestra organización.

Pero también somos conscientes de que las empresas buscan sacar el mayor rendimiento económico a sus inversiones. De ahí que su deseo sea reducir costes y someter a la empresa al menor número de cambios significativos posible, los cuales suelen tener consecuencias en los procesos de producción. Todo lo que necesitan las empresas para beneficiarse del trabajo colaborativo y compartir recursos es usar su propia nube.

Por ejemplo, cuando un proveedor necesita realizar una transacción con algún socio de la cadena de suministro, solo tiene que presentar su oferta a través de este espacio colaborativo. También podrán mantenerse en contacto a través de mensajes o videoconferencias, editar documentos de forma conjunta e instalar aplicaciones propiedad de alguno de los participantes para que el resto de usuarios de la plataforma cloud puedan acceder a ella. Como puedes ver, todo son beneficios.