Elegir el color de nuestra cocina o la tapicería de nuestro coche era una tarea que conllevaba bastante tiempo. Había que ir a la ferretería o al concesionario y hacer todo tipo de pruebas. En cambio, las cosas han mejorado hoy en día gracias a la tecnología. Afortunadamente, hemos ganado en sencillez. Basta con disponer de una conexión a Internet para poder acceder al muestrario y a un simulador que nos muestre cómo quedarían las cosas en nuestras casas o coche.

La transformación digital ha cambiado la experiencia de compra de los consumidores y se ha trasladado a todos los sectores económicos. Basta echar un vistazo a nuestros clientes: todos son nativos digitales, siempre están conectados y utilizan todo tipo de dispositivos (ordenador, tableta y teléfono) para hacer compras y tomar decisiones. Para sobrevivir, la industria minorista tiene que adaptarse a los nuevos tiempos.

El cliente moderno

En la actualidad no hace falta ir a la ferretería o al concesionario, sino que ambos negocios vienen (o deberían venir) a nosotros. ¿Cómo? A través de internet. Las tiendas online nos permiten ver y comparar los distintos bienes y servicios existentes con solo un clic.

Además, la comunicación entre vendedor y comprador no supone ningún problema. Basta con enviar un correo electrónico en el que expresemos nuestras dudas o gustos.

Y los comercios adaptados

Resulta indispensable conectar la esfera digital con el mundo físico. En especial, si tienes un comercio pequeño. ¡No puedes dejar de lado la experiencia de compra de tus clientes! Cuanto mejor y más sencilla sea, más fácil y rápido será cerrar una venta.

La digitalización de nuestra tienda también nos hará reunir numerosos datos de nuestros clientes, los cuales podremos reutilizar para mejorar nuestra línea de productos y servicios, y adelantarnos a las necesidades del cliente mediante el envío de todo tipo de ofertas y promociones.

La producción escucha al cliente

La revolución que ha supuesto el nacimiento de la industria 4.0 ha significado también un cambio en el rol de los clientes, que han pasado de ser sujetos pasivos a sujetos activos. Antes, las empresas decían qué, cuándo y cómo fabricar, lo lanzaban al mercado y el consumidor lo compraba. Pero las cosas han cambiado gracias a internet. Así, el consumidor ha pasado de recibir a ordenar. Y es que los clientes son quienes deciden qué se debe fabricar, motivo que obliga a las empresas a escuchar si desean poner en venta bienes y servicios realmente demandados por la sociedad, además de mejorar sus productos.

Como te decíamos, antes, para comprar un coche, era necesario ir a un concesionario, revisar todas las opciones y tomar una decisión. Hoy, nos servimos de la red para informarnos sobre los productos que ofrecen las distintas marcas. Pero, sobre todo, acudimos a portales en los que los usuarios comparten sus experiencias acerca del coche que nos interesa.

Otro desafío al que se enfrentan las empresas es la agilidad a la hora de responder a las demandas del mercado, algo que, en ocasiones, obliga a modificar la planificación previa. Por ello, los fabricantes tienen que ser flexibles en sus operaciones para mantener la ventaja competitiva. Deben impulsar la innovación en productos y servicios, pero también en su forma de hacer negocios.

En este sentido, la tecnología resulta una gran aliada cuando deseamos ajustar producción y demanda. Escuchar a los clientes y analizar los datos de producción permite ajustarse a las necesidades de los clientes. Por ejemplo, un gestor ERP nos permitirá controlar la trazabilidad de todos nuestros productos, al que hay que sumar el análisis de datos realizado por una herramienta de Business Intelligence. Son las claves para diferenciarnos y posicionarnos como líderes de nuestro sector.